domingo, 24 de enero de 2016

(ENTREVISTA) Los Valentina: Las vueltas de la vida


Luego de dejar carreras universitarias y afrontarse a las hostilidades de la vida en la capital, Valentina Martínez encontró su lugar con la banda que lleva su nombre. En la semana del estreno de “Señoras”, el EP debut del grupo, la vocalista cuenta acá los procesos que tuvieron que pasar para que su proyecto saliera a la luz.

Por Ignacio Silva
Fotos: Hisashi Tanida

Todo partió de una casualidad. Segunda mitad del 2014, una junta casual con amigos. “No era una fiesta, más bien nos juntábamos a jugar Play. Pasábamos las tardes jugando unos Fifa con unas chelitas”, recuerda Valentina Martínez (26).

Por ese entonces, Valentina vivía sus primeros 20 en un enrarecido clima de cambio constante. “Me fui de la casa igual joven. Como que venía de una burbuja, mi papá era súper sobreprotector y cuando le dije que quería estudiar música me dijo que eso no era una carrera. Me fui para Osorno a estudiar arquitectura, pero lo terminé dejando”, relata. “Volví a Santiago, trabajaba de garzona en un restorán, ganaba el mínimo y todo mi sueldo se iba en el arriendo. Quería dejarlo todo. Eso sí, siempre tuve en mente hacer algo en la música, pero no conocía a nadie como para hacer subir la idea que tenía”.

En ese contexto, la junta con amigos en 2014 fue como una epifanía. “Estábamos en el carrete y de repente apareció el Mico (Juan Fernando Rubilar, líder de Medio Hermano y ex la Reina Morsa). Él vivía con mi amigo y aunque era obvio que iba a llegar, yo no lo había asimilado. Y bueno, lo saludé. Ahí partió nuestro contacto”.

GRABACIONES

En una época de cambios, la música era una de las pocas cosas que se mantenían inamovibles en la vida de Martínez. “Desde los 13 años siempre estuve tocando la guitarra. Me gustaba y como que no me incomodaba estar pegada a ella mucho rato. Aunque lo de dedicarme a la música no era algo que pensara mucho, era la única de las cosas que hacía que me daba una corazonada buena. Es difícil describirlo, pero igual es una seguridad distinta. Y nunca me cuestioné si iba a estar o no, porque era súper obvio”.

Quizás esa seguridad la hizo mantener una costumbre que terminó siendo útil: grabar todo lo que tocaba. “Siempre que tenía momentos en donde me sentaba y empezaba a tocar algo con la guitarra, lo grababa. Es como una enfermedad: tengo todos los audios en carpetas”, explica. “Esa vez cuando conocí al Mico, tenía algunas cosas grabadas en el teléfono y se las mostré”.

Fuera de la anécdota, ese simple hecho marcó el inicio de Los Valentina, la banda que une a la guitarrista-cantante y a Rubilar (batería) con Roberto Sanhueza (ex Cosmonautas, bajo), y que acaba de editar “Señoras”, su EP debut, bajo el alero del sello Piloto (lee nuestra reseña acá).

¿Cómo reaccionó Mico a ese demo que le mostraste?

Le gustó, aunque se escuchaba como el orto. Su respuesta fue súper apañadora. Me dijo: “Démosle. Yo tengo una sala de ensayo, podemos ir para allá”. Así que nada, nos juntamos en la sala y el primer día ensayamos los dos solos, guitarra y batería. Fue bacán, porque yo venía de un momento muy apagado y empecé a soltarme con el Mico, empecé a soltarme con la voz y con todo, en realidad. Es como un proceso, un crecimiento.

Luego de que Mico y tú se conocieron, ¿cómo fue que se terminó de formar la banda?

Como en el segundo o tercer ensayo apareció el Robertito, que es yunta del Mico. El Robertito llegó porque el Mico me lo planteó en la sala. Me dijo que podía invitar a un amigo que también tenía una banda, y yo le dije que lo hiciera. Ahí empezamos a establecer una relación como de músicos, pero aparte nos empezamos a ver más seguido, íbamos al parque o nos juntábamos por ahí. Ellos son un grupo gigante de amigos y los fui conociendo. Recuerdo, por ejemplo, que una vez fui a ver al Mico a un ensayo de Medio Hermano, y ahí conocí al Leo (Saavedra, ex Primavera de Praga) y al Botón (Ricardo Herrera, de Medio Hermano).

Y ellos también terminaron formando parte del proceso.

Claro. El Leo es el que me ayudó después a ordenar las ideas, así como productor, y me ayudó con detalles como qué arreglos le quería poner, cómo quería que sonara, esos detalles más cuáticos. Me ayudó en ese lado y también como músico. Y el Botón fue el que me prestó el estudio para grabar. Lo tiene en su casa, ahí grabé todo el EP.


LA PRIMERA VEZ

El ambiente es relajado. No hay escenario y los integrantes de las demás bandas se sientan en el pasto a ver la presentación que viene. Es media tarde y el clima de noviembre en esa casa de La Florida acompaña: mientras el grupo toma posición, corre una brisa refrescante. De repente la guitarra de la vocalista comienza a sonar, liderando una acogedora melodía que luego acompaña con su atípica voz.

Ese día Piloto celebraba su primer aniversario con un extenso concierto en el que además de las bandas de su catálogo –Niños del Cerro, Silabario, Pujem- tocaban El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco y Dolorio & Los Tunantes. La novel discográfica venía de lanzar el exitoso “Nonato Coo” (disco nacional del año en nuestro ranking) y aprovechaba la ocasión para hacer debutar en vivo a su nuevo crédito: Los Valentina.

“Me tiritaba la pierna derecha y se me movía la guitarra. Yo siempre me pifiaba en los ensayos, de repente tocaba entre medio una nota que no era y sonaba horrible. Tenía mucho susto de que eso me pasara. Estaba súper nerviosa. Aparte, los chiquillos ya tenían calle y yo estaba ahí, con una experiencia nula, con canciones mías pero que no había tocado”, comenta Martínez, bromeando con las sensaciones del debut. “Pero estuvo bonito. Me sentí muy cómoda entre los chicos que estaban. Era un lugar súper lindo, el vecino estaba poniendo música fuerte y fue bacán el ánimo que se generó con las bandas anteriores, la atención. Era todo muy perfecto como para que fuera la primera vez”.

Este concierto fue en noviembre, pero ustedes ya estaban ensayando desde el año anterior. ¿Por qué todavía no habían debutado?

No sé, no me sentía preparada. Habían cosas respecto a las canciones que no tenía claras, la idea de cómo lo podía concretar, habían inseguridades mías también. De hecho, como yo no tenía ningún conocimiento en cuanto a cómo podía cantar, las primeras sesiones de voces que grabamos se fueron todas al tacho de la basura. Llegué con el material a la casa, lo puse en la radio, escuché la primera canción y dije “no, esto no va a ir”. A ese nivel era mi inseguridad.

¿No te gustó lo que escuchaste?

Es que sentía que estaba muy apretado todo, como muy forzado. Y eso como que retrasó aún más el proceso. Llevábamos un año ensayando sin tocar en vivo, imagínate lo que es casi al año decirles a los cabros: “oye, chiquillos, ¿nos vamos a juntar para ensayar?”. Y me decían: “ya, pero Vale, ¿cuándo vamos a tocar?”. Fue lindo que finalmente pasara en ese contexto y con esa gente.

UN CUENTO CON EL PASADO

Las imágenes de un pasado aún reciente vuelven recurrentemente a la mente de Valentina durante la conversación. Sentada en el pasto del Parque Bustamante con la bicicleta que la transporta a todas partes al lado, la joven músico analiza los efectos que ha tenido la concreción de este proyecto en su vida.

“Probablemente fue perder el miedo. Lo de Los Valentina llegó en un momento en el que me propuse generar un cambio. Yo venía haciendo música en otro formato, era mucho más folk, con una voz más tímida. Como que no había una actitud. Y andaba por la vida así, como muy nada y como cero sentimiento por hacer algo que me gustara. Creo que estoy recién saliendo de ese estado”.

Y profundiza: “Tenía una canción hecha cuando se la mostré al Mico. La había hecho en la casa después de tomar esta decisión de cambiar esa actitud fome respecto a la música y todo se fue dando muy bacán. Una prueba de ello pasó un día x. Resulta que tengo grabaciones de los ensayos, así como con cámara en mano, y en uno de ellos le muestro a Mico un rasgueo que se me había ocurrido que es ‘Danza de la lluvia’. Estábamos en el ensayo y le digo “oye Mico, mira, ¿te gusta esto?” y empiezo a tocar el comienzo de lo que es ahora la cación. Es bacán, porque se fue dando con ellos lo que empecé a pensar y a vivir en mi vida, eso de tener más conciencia de lo que hacía, de dónde estaba, de cómo me movía, de la opinión que tenía respecto a lo que estaba pasando en mi país, de lo que veía en las viejas que veía en la calle. Y eran cosas que iban saliendo solas cuando estábamos ensayando y cuando yo llegaba a la casa tenía ciertas ideas o me topaba con personajes que me iban dando más ideas para componer distintas cosas".

En ese sentido, ¿las letras del EP están inspiradas en esas personas e historias comunes?

Es una mixtura igual. Hay una mezcla de personajes que son muy cercanos a mí, como mi mamá por ejemplo, porque yo estuve mucho tiempo sin ella, separada de mis padres y como con en mala onda, pero siempre me topé con personajes femeninos maternos pero en otro molde, de otra manera. Entonces fue una imagen que tenía que botarla de alguna manera. También hay canciones que hablan de cosas nada que ver. ‘Serpientes’, por ejemplo, habla de las serpientes po, de gente venenosa. Son varias volás distintas.

Pero en el disco uno puede identificar un concepto, que va desde su nombre hasta la portada, en la que salen unas bolsas de té muy comunes colgadas en un árbol.

Las bolsitas de té es una foto que tomé en el jardín de mi abuela paterna. Ella siempre las colgaba para usarlas como abono para las plantas; era una manía que tenía. Ella siempre tuvo mucha actitud. Por ejemplo, secuestraba pájaros y los guardaba en su pajarera gigante. Les tiraba un paño encima y los metía dentro de la jaula. Bueno, ella ahora tiene alzhéimer, está ya en las últimas, y en cierta forma ella también es un personaje veterano en mi vida que contiene algo que me ha gustado siempre. Todo lo que tiene que ver con la vida de mis abuelos, lo de esa época, siempre me ha llamado mucho la atención y no sé por qué. La vida era distinta, era un grano distinto, había una forma de hablar distinta, la música era distinta y siempre me acomodó mucho ese pasado. También hay un cuento con el pasado, creo yo.

En cuanto al sonido, comentabas que tus primeras grabaciones tenían una onda mucho más folk, más triste. ¿Cómo fue que llegaste al sonido que quedó en el EP?

El proceso de trabajo de cada tema fue súper espontáneo. Yo tenía esta manía de grabar los ensayos y cuando iba en bici en el trayecto al restorán que trabajaba escuchaba cada grabación. Siempre estuve escuchando todo; cada proceso por el que hemos pasado con los chiquillos lo tengo documentado. Es como una enfermedad. En la micro escuchaba las grabaciones y eso también me permitía pensar en alguna melodía y luego ponía el teléfono conectado a un amplificador y conectaba la guitarra y la hacía encima. Es como ese proceso. Igual hay un gran salto entre lo que grababa como maqueta y lo que es ahora; ahora hay dos personas más y eso se nota.

Pero es llamativo que hayas pasado de algo folk a un material tan melódico como las canciones del EP.

Cuando estaba haciendo las primeras maquetas eran canciones de personalidad más depre. Yo tampoco tenía muy claro hacia donde quería ir, porque estaba sola. No tenía una banda detrás que me dijera que le pusiéramos más power y así yo poder soltarme el pelo y decir “ya, démosle”. Estaba demasiado pollo; esa es la palabra. Y cuando me decían que cantara algo cantaba muy bajo, muy pa’ adentro, me daba vergüenza. Tenía un montón de hueás grabadas, pero me daba vergüenza hasta cuando las mostraba. Creo que lo esencial fue tomar una decisión, porque no iba a avanzar mucho si seguía con esa actitud. No me sentí mal cuando sentí que estaba cantando a full y que aparte tenía la perso para hacer arreglos medios sesenteros, como de la Nueva Ola, cosas muy chistosas con las que los chiquillos me molestan. Pero mi papá siempre escuchaba la Nueva Ola en la casa, o escuchaba a Los Iracundos, Los Ángeles Negros, Camilo Sesto, y otras cosas como Pink Floyd, Inti Illimani, Violeta Parra, Víctor Jara. Después, cuando me fui de la casa y quedé como a la vida, teniendo que trabajar y todo eso, también me formé un carácter distinto a lo que venía siendo antes. Ahora, claro, todas esas cosas de mi historia se juntan y se manifiestan en la música.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar esas influencias y emociones con gente como Mico, Roberto y Leo Saavedra; todos personajes que tenían un recorrido más o menos largo en largo en la música?

Igual es complicado formar una banda de la nada con gente que no conoces mucho. Siempre se tiene esa fantasía de los hueones que crecen juntos y se llevan la zorra y tienen gustos muy similares. Esto era muy distinto a eso. Con el Mico teníamos intereses de música parecidos, pero los primeros ensayos para mí era tratar de que todo se mantuviera bien, que esto durara. Y fue así. Yo creo que eso se cultivó porque empezamos a hacer actividades extra programáticas a lo que era ensayar o a lo que era hablar de la banda. Ellos me han motivado a salir harto y a conocer a mucha gente. De todas formas, agradezco mucho haber podido conocerlos, hacernos amigos y trabajar con ellos.

Valentina hace una pausa y se queda pensando. Como varias veces durante la conversación, parece estar recordando otra de las historias de su vida que vale la pena contar. "Igual es chistoso, porque por esas cosas de la vida en un viaje a San Carlos Conocí al Leo Osorio, que ahora es el representante del Leo Saavedra. Él me daba consejos, porque yo me estaba armando sola y no conocía el mundo musical. Una vez me junté con él en su casa y me acuerdo que le dije: “puta, Leo, sabís que no sé qué me falta”. No entendía y me sentía como sin herramientas. O sea, tengo una guitarra que es una Squier ahí no más, y nunca tuve nada muy bacán. Bueno, la cosa es que el Leo me dijo que si quería grabar algo, él conocía a un amigo que vivía al lado y tocaba en La Reina Morsa. Yo no tenía plata, así que me hice la loca. Y después de eso sucede todo esto del encuentro en el carrete, conozco al Mico y termino formando una banda con él y ensayado al lado de la casa del Leo, en el mismo lugar que me había recomendado. Las vueltas de la vida".