martes, 24 de noviembre de 2015

Feria Pulsar 2015: Pasos de sordo


Desazón debe ser la palabra perfecta para los sentimientos que dejó la sexta edición de Feria Pulsar. Un año deslavado, un poco muerto, y de un alarmante y estancado crecimiento. Una edición que en lugar de ir de más en más, retrocedió unas décadas atrás.

La lógica sobre qué es industria y cómo crearla está bastante difusa. Se piensa que este escenario para la música solo sucede cuando hay presencia de grandes sellos, tal como se vivió durante los años 90 en el país, que permitan dar fama, gran vitrina y sustentabilidad a la carrera de un artista. Lamentablemente para esas cabezas desactualizadas, las reglas cambiaron.

En pleno año 2015, aún se desconoce los cambios que han ocurrido en todo orden de cosas gracias a la globalización y las herramientas que nos da Internet. Hemos sido testigos de la germinación de una nueva industria que funciona bajo nuevas estructuras. Ya no es necesario que existan transnacionales en Chile para que un músico pueda armar su carrera. Hoy todo es a bajo costo y los sellos independientes han impuesto modelos que solo se aprenden a través del ensayo y error. Y Pulsar ha sido parte de eso.

Sin embargo, el foco sobre industria ha estado un poco errado. Hace poco más de un año, en una entrevista con Milton Mahan (Dënver, De Janeiros) para una investigación, comentaba que “en la música, sobre todo en Chile, nos concentramos en los músicos, en los discos, pero no se ha hecho el ejercicio de agrupar todos los factores que hacen que la industria se mueva. Ahí entra todo lo que tiene que ver con la producción –tanto la producción musical, como la producción ejecutiva–, la producción de eventos; la prensa, los videoclips y sus directores, etc.”. Esa visión se pudo evidenciar con mucha más claridad el pasado 20, 21 y 22 de noviembre.

Desde el año 2010, Feria Pulsar se ha impuesto como el principal encuentro de los –casi todos– actores de la industria musical en Chile. Sellos, tiendas de discos, casas de formación y algunos medios, han sido parte de un intercambio de conocimientos, experiencias y contactos. En esta versión, se quiso hacer una reestructuración para profesionalizar –y acotar– un poco más el asunto y en ese mismo re-orden, Pulsar 2015 acusó una grave desactualización de sus organizadores.

Cometiendo los mismos errores de hace cinco años, cuando todo comenzó de nuevo y los que hoy son el centro de atención, brillaban desde la periferia; la SCD, institución encargada de distribuir y representar los derechos de los creadores musicales, hizo oídos sordos sobre una nueva forma de hacer, decir y proponer las cosas. Si bien la misión de validar y potenciar a los que han estado trabajado por construir una escena estuvo ahí; en esta oportunidad, hubo nulo esfuerzo en incluir a los nuevos agentes que se van uniendo al entramado. Si año a año se hacía imposible acceder a un espacio como expositor, esta vez los valores de arriendo hacían de esa posibilidad algo descabellado.

Lo mismo ocurre con los espacios de conversación propuestos por el certamen. Ya nadie va a compartir con otros sobre su trabajo. Escasean las instancias para conversar y compartir puntos de vista sobre el área y las charlas escarban en temáticas interesantes, pero desde perspectivas añejas, sesgadas y que dejan poco ánimo para debatir.

La parrilla musical es punto aparte. Un poco más tímida que años anteriores y repitiendo varios nombres –que según su naturaleza, es algo imposible de escapar–, hacían un poco más llevadera la experiencia. No existieron los escenarios acústicos que, más que aportar, restaban atención por su mal sonido; se potenció el Escenario Terraza (aunque conservaba la incomodidad y fallas logísticas en los horarios y tiempos de las presentaciones) y los escenarios principales se fortalecían en sonido y recursos técnicos. De otra forma, hubiera sido imposible presenciar el elevado nivel que ha alcanzado Alex Anwandter en su show en vivo o el potente regreso de Guiso, por mencionar casos puntuales.

Quizás este espacio llegó a un extremo donde necesita un “contendor” para medir su gestión en base a ejemplos cercanos, escuchar a las nuevas voces y salir de la zona de confort que tanto les pesa. Quizás llegó el momento de que aparezcan nuevas instancias de reunión, que vean las problemáticas que aquejan al sector y que muestre a esta nueva industria desde su realidad: desde la independencia, desde la autogestión y, sobretodo, desde la juventud.

Pulsar 2015 se resume en desazón. Pero más que depresión sobre lo mal que puede estar todo, es esa pena productiva que motiva a cambiar las cosas. Una sensación de que la solución está más cerca de lo que pensamos. Solo hay que escuchar, sentir y respaldar la música que tenemos hoy.

Por Jorge Rubio Soto
Foto: Vicente Brogca