domingo, 18 de octubre de 2015

(#MelomanosMag15) Lia Nadja: Aflorar en oscuridad


*La edición 15 de Melómanos Magazine será la primera con dos portadas, y Lia Nadja estará en una de ellas. Lee a continuación un extracto de su entrevista.

La música de Lia Nadja tiene algo que pocos poseen: una belleza tímida, misteriosa y llena de velos que se van abriendo como una flor de luna en la noche. Cautelosa, pero instintiva, es dueña de una nutrida discografía que le ha permitido encontrar y seguir descubriendo.

Texto: Jorge Rubio Soto
Fotos: Diego Figueroa

Lía Hernández es una muchacha inquieta y creativa que, pese a su corta vida, posee una larga historia sobre sus hombros. Siempre huyendo de las convenciones, en el año 2009 comenzó a experimentar con los sonidos que le entregaba su propia voz. “Mi amigo, Felipe Ruz (Filipina Bitch), me orientó y me dijo ‘tú necesitas grabarte’. Le hice caso y fue un salto súper grande”, señala, recordando los inicios de su camino como Lia Nadja. Fue el mismo Ruz quien le recomendó comprar el micrófono con tarjeta de sonido integrada que la ha acompañado hasta el presente.

De forma autodidacta aprendió a usar Cubase y, desde entonces, el jugueteo de distorsionar su canto y componer melodías de forma artificial la llevaron a multiplicar sus opciones. La dependencia cada vez se fue haciendo más nula y la libertad que le permitía trabajar como su propia instrumentista le servía para poder hacer música cuando ella quisiera. “Siempre fui de que si necesitaba un percusionista, buscaba uno; si necesitaba flautas, tenía que buscar flautistas. Con el micrófono me di cuenta que podía hacer todo, no de una manera docta, quizás, pero sí empezar a probar, siempre experimentando”, comenta.

“Cuando comienzo a hacer un tema, sé que lo voy a terminar en dos horas más. Y si va a haber alguien al lado apurándome, no me va a permitir probar todos los efectos del teclado, por ejemplo, y decidir cuál es el que me gusta más. Eso sólo lo puedo hacer sola. Finalmente soy productora de mi música”, agrega Hernández.

Y es en este mismo proceso creativo, introspectivo y egoísta, donde utiliza técnicas que han sido dejadas de lado por la digitalización de la música. Instrumentos de grabación tan olvidados como los cassette decks y que hoy retoman fuerza en el boom del sonido lo-fi. Pero para ella, más que una moda “partió siendo una postura ideológico-política de hacer. Después pasó que estéticamente me gustaban los resultados porque no quería sonar como banda. Quise matar esa idea de mí como vocalista y comencé a usar mi voz como un instrumento más. Todo lo paso por los mismos efectos y todo lo paso por cassette”.

HUIR

Con el mismo afán de escapar de un sonido convencional, Lía decidió correr sola desde pequeña. A los 19 años se fue de la casa de sus padres para vivir como madre soltera en el campo más profundo de Temuco. En un ambiente hostil y aislado, comenzó a componer canciones con su guitarra. No fue hasta años después, al llegar a Valparaíso para estar más cerca de la capital y su entorno más cercano, cuando hizo su primer contacto con internet y sus primeras grandes influencias.

“Cuando llegué allá (Valparaíso) caché que existía Facebook. Ahí empecé a meterme a internet. Antes para lo único que usaba el computador era para grabarme. No sabía que existían otros enlaces además de Messenger. Y estando en Facebook, comencé a escuchar más música por Youtube y todas esas plataformas. Por lo mismo la música que tengo es tan variada según los años. Agarro mucha velocidad y soy tan receptiva que, cuando escuchaba a Cat Power, quería hacer canciones como las de Cat Power. Tocaba la guitarra y hacía música muy similar a la de ella. O escuchaba música experimental y yo también quería hacerlo y sentía podía que hacerlo”, relata.

Asimismo fue armando un arsenal de referencias como Tracy Chapman, Soko, Mecano, Grimes y las Spice Girls, nombres que sirvieron de mucho en cada uno de los siete discos de Lia Nadja. Pero más allá de mera influencia, los ambientes a los que apelan sus canciones trascienden los ruidos y letras pensadas. “Yo siento que mi música tiene harto de encuentro con mi hijo, conmigo misma y a medida que los discos han ido avanzando, se ha hecho más feliz, dentro de todo”, reflexiona.

Cada uno de sus álbumes es como un capitulo en la bitácora de un eterno migrar. “El Niev fue grabado cuando estuve casi 6 meses sin pagar el arriendo de una casa por Santa Lucia. Me echaron y me fui de allegada en distintas casas. Cada vez que podía, agarraba mi casetera y me ponía a grabar las guitarras. Luego tomé todos esos registros y los mastericé y los hice disco. Todas esas canciones fueron grabadas solo una vez. Ahora ya no podría tocarlas”, cuenta con nostalgia.

“Siento que lo bueno de que la música se haga con emociones tan poco sociabilizadas, me ha permitido entablar relaciones de corazón abierto. Y eso es muy bacán. Se sociabilizan todas esas sensaciones que son medias tabú y que es de lo que he huido todo este tiempo en mis viajes: del conservadurismo, de la tradición”.

Encuentra la entrevista completa en la edición 15 de Melómanos Magazine. Pronto más información.


*Realización video: Eric Allende