lunes, 7 de septiembre de 2015

Iron & Wine: Fraternal comunión


Iron & Wine en Chile
Domingo 6 de septiembre, Ex Oz

Eran cerca de las diez de la noche cuando la delgada silueta de Sam Beam se pudo vislumbrar tras el escenario. La primera vez que el músico folk estadounidense visitaba nuestro país no había pasado desapercibida con una ex Oz llena de afortunados que acudieron a su encuentro.

Discreto y de caminar tranquilo, avanzó desde la penumbra para acercarse a tomar el micrófono y pronunciar unas palabras, se plantó ante el público como quien visita a amigos queridos, y contuvo el aliento para obsérvalos detenidamente, quizás ya advirtiendo la profunda conexión que estaba por producirse.

En el momento se hicieron evidentes las ansias, el encuentro con el hombre de la distinguida barba había llegado. Estaba allí de pie, solo y sencillo, él y sus guitarras.

Entre aplausos y vítores se comenzaron a escuchar nombres de canciones al azar, sugerencias que de buena manera el músico acogió con la misma humildad con la que se le vio llegar para dar inicio a la jornada con la necesaria ‘Tree by the River’.

Las dos canciones que le siguieron también fueron a petición del público. ‘Boy with a Coin’ mantuvo la energía del arranque para luego consentir amablemente a una persona que había escrito en un cartel ‘Swans and the Swimming’.

Se podía comprender el rumbo que tomaría la noche y todos parecían estar de acuerdo con ello. Fue una noche a la carta, como pidiendo canciones al amparo del calor de una fogata.

Con el correr del setlist solo restaba dejarse llevar por el templado sonido de las cuerdas y su voz, que el público seguía al ritmo de las letras como si fueran material imperecedero.

‘The trapeze Swinger’, ‘Jezebel’, ‘Caught in the Briars’ fueron solo algunas de las canciones que sonaron en la rápida sucesión, interrumpidas solo por tragos de vino y palabras como –parafraseando- "Its cool to travel from the other side of the world just to see smiling new friend"’.

Así continuaron ‘Upward over the mountain’, ‘Freedom hangs like heaven’, ‘Fever Dreams’, las emotivas ‘Naked as we Came’, ‘Joy’, ‘Two Hungry Blackbirds’, y el infaltable cover ‘Such Great Heights’.

La fría noche del domingo resultó ser un manto ideal para envolver la cálida energía que emanaba de la unión producida con el tetragenario músico. La lenta combustión de las canciones acompañadas por los sorbos de vino hizo olvidar el paso del tiempo, mientras que la nostalgia se apoderaba de los recuerdos de los presentes.

Cuando el final llegó con ‘Flightless bird, American Mouth’, la satisfacción contenida impidió que alguien se alarmase.

La comunión había acabado, el vino también, dejando a los presentes con la armoniosa satisfacción de la lenta incineración de canciones. Un abrigo para quienes se preparaban a volver al frío de las calles a la espera de la anunciada lluvia.

Fue una noche especial, cargada de nostalgia contenida en el sonido de la misma guitarra y voz que se ha conservado a través del tiempo, pero con la madurez y solidez que solo la experiencia consagrada en la trayectoria de siete álbumes puede transmitir

Por Claudio Salas
Foto: Claudia Jaime para Fauna Producciones