domingo, 8 de junio de 2014

15 años de 'Californication': un regreso generacional


Hay discos exitosos que trascienden los márgenes de alcance de las bandas y terminan por marcar épocas y generaciones completas. Ese es el caso de "Californication" (1999), álbum de los californianos Red Hot Chili Peppers lanzado en plena paranoia pre siglo XXI que, aunque terminó transformándose en un éxito sin precedentes para el cuarteto, fue en realidad el punto cúlmine de un proceso iniciado varios años antes.

La década del 90' había sido de confusiones para los encabezados por Flea y Anthony Kiedis. Fueron años complejos, que si bien comenzaron con aires de consolidación tras el lanzamiento del fundamental "Blood Sugar Sex Magic" (1991), se complicaron casi inexplicablemente con la repentina salida de John Frusciante de la banda. El camino que recién se había descubierto comenzaba a extraviarse.

El abandono del guitarrista caló hondo en el grupo, que todavía no terminaba de recuperarse de la muerte del miembro fundador Hillel Slovak cuando recibían este nuevo golpe. Pero la feroz industria de esos tiempos no permitía pausas y, aunque no existiera claridad, había que seguir. Pasaron Arik Marshall y Jesse Tobias por el puesto, hasta que -en una movida que hasta hoy parece curiosa- decidieron sumar a sus filas a Dave Navarro. Junto al guitarrista de Jane's Addiction recrudecerían su sonido y editarían "One Hot Minute" (1995), uno de los títulos más controvertidos de la historia de la banda y registro explícito de una era de búsquedas que se extendió por cerca de cinco años. Mientras, Frusciante se sumía en un infierno personal lleno de drogas duras que dejó marcas imborrables y un disco de debut en solitario que fácilmente podría estar entre los más extraños e intrigantes de la época: "Niandra Lades and Usually Just a T-Shirt" (1994).

El contexto resulta fundamental para entender la relevancia de "Californication", pues fue al mismo tiempo un reencuentro con los principios de la banda y una apertura en las formas musicales que venían trabajado en sus años de recorrido. La historia dice que tras la caótica separación de Navarro (motivada por las malas relaciones y problemas con las drogas), los tres componentes restantes pensaron en terminar con el proyecto. Pero, como última medida, Flea le propuso a John volver y éste aceptó entre lágrimas la oferta. Era el nacimiento de una nueva etapa en la banda, marcada por la sobriedad de Frusciante y la armonía en cuanto a las relaciones entre los integrantes.

La entrada al estudio se produjo a los pocos días y tuvo como guía a Rick Rubin, un viejo conocido de los californianos que ya había sacado lo mejor de ellos en "Blood Sugar Sex Magic". Junto a él, ahora estaban grabando la colección de canciones más variadas que se les conociera hasta entonces. No era un secreto: el cuarteto había cambiado en forma y fondo. El camino había sido duro y los había llevado a algo cercano a la madurez, si se quiere.

Aunque el disco abría con 'Around the World', un track que recordaba el desenfreno funky de años anteriores, a poco andar sorprendían canciones como 'Parallel Universe' y 'Scar Tissue', en las que los malos tiempos parecían haber engendrado un sonido más contemplativo y melancólico que antes. Esas pistas también dejaban percibir otros nuevos elementos en la música del grupo, como la manera más sobria en que Flea estaba tocando su bajo, ya no intentando llenar cada compás con un virtuosismo, sino acompañando a la melodía y oficiando de complemento a los otros instrumentos (cómo obviar ese juego bajo-guitarra en 'I Like Dirt'). Anthony Kiedis también parecía cambiado, lo que repercutía en sus complejas e introspectivas letras ('Otherside', 'Californication', 'This Velvet Glove') y, en cierta medida, en una notable mejora de su voz y su forma de interpretar ('Easily', 'Porcelain'). Y mientras la solidez de Chad Smith se mantenía, haciendo parecer fácil estructuras rítmicas complejas, John Frusciante enriqueció la música del cuarteto con las búsquedas de sus años en solitario, lo que se reflejó en temas altamente experimentales como 'Emmit Remmus' (cuyo principal riff fue grabado al revés) y 'Savior' (donde se empleó un mellotron).

La mezcla hizo del disco una pieza con enigma, de esas de un sonido accesible pero que esconde algo en cada nota. La accesibilidad llevo a que "Californication" llegara a todo el mundo, primero a través de videoclips -como el del auto o el del videojuego-, y luego en formato físico, transformándose en el más vendido en los registros del grupo. Todo ello aportó a que el trabajo se convirtiera en una referencia, en uno de esos discos que toda una generación conoce y venera.

Claro que tanta importancia también tiene una cara negativa: siempre será un desafío crear un nuevo disco que lo supere y que no quede simplemente a su sombra. Si Red Hot Chili Peppers lo ha logrado o no, es otra discusión, pero es innegable lo relevante que ha llegado a ser el álbum que hoy celebra sus 15 años.



Por Ignacio Silva