jueves, 22 de mayo de 2014

May spawned a monster: ¿por qué nos gusta tanto Morrissey?


Un 22 de Mayo de 1959, en Davyhulme, Lancashire, nació Steven Patrick Morrissey, mejor conocido solo por su apellido, a estas alturas un personaje que se ha convertido en una leyenda viviente, capaz de aglutinar a seguidores y una fanaticada especialmente devota; un fenómeno llamativo y que lleva bastantes años ¿Por qué tiene ganado ese status de “artista de culto”? Son bastantes aristas a considerar.

En primer lugar, es necesario referir a la construcción del personaje: un antihéroe post punk, ávido lector y cínico, con referencias al glam y la literatura, a partir de un eje central concentrado en dramatismo, ambigüedad y la explotación del lado femenino. Es decir, Moz presenta una discusión acerca de la masculinidad en la música, lejos del héroe rebosante en testosterona, sin complejos y con profunda convicción, y esa honestidad siempre genera una identificación y una sintonía muy efectiva con la audiencia. Es Buddy Holly, pero a un nivel mayor de intensidad.

Esa identificación y honestidad tiene un sustento en el cultivo y pasión de intereses, con los que ha sido capaz de articular parte importante de su obra: desde escritos en revistas acerca de sus grupos favoritos (en especial por The New York Dolls), hasta su gusto por la música femenina, el cine de los años 60’ y su furibundo vegetarianismo y animalismo. Todos, aspectos que cruzan su obra (desde portadas de discos, canciones, e incluso el look) y le aportan contenido y coherencia, lo que explica su renuncia al camino fácil: las referencias a The Smiths en sus conciertos son contadas y cuidadosas (de hecho durante mucho tiempo no hizo tal), y en su etapa solista pocas veces ha repetido fórmulas, aunque sí se ha preocupado de ser consistente. Ha llevado entonces, la cantautoría a otro nivel, rebosante de cultura pop.

Por otra parte, considerando que no siempre es accesible la comprensión de sus letras, hay un fenómeno que lo hace especialmente cercano a Chile: la referencia a lo melancólico, muy presente en la música nacional, y en general, en la cultura. La intensidad de la interpretación y las melodías cuidadas de sus canciones, de alguna manera conectan al auditor chileno con los suburbios de la desolada sociedad post industrial mancuniana. Es bolero, pero con ritmos bailables, es Violeta Parra hablando del desamor, pero con jopo y camisas de color.

Morrissey es un héroe de lo cotidiano y canta sobre aquello en momentos de intensidad, con aire operástico. Por momentos se permite la crítica decadentista, en otros, habla de la crisis personal con cinismo; es fácil acotar su obra a la tristeza, pero él va mucho más allá ampliando las posibilidades del desencanto como experiencia estética, y que por ello, lo vuelve interesante al público ávido de experiencias de consumo especiales y con cierta diferenciación. Pero se trata en definitiva de un pensador de nuestros tiempos y que nos ofrece pensar y sentir la vida como nos dé la real gana.



Por Felipe Retamal