miércoles, 2 de abril de 2014

LollaCL 2014: Cabezas de cartel


Nine Inch Nails (sáb. 20:45, Coca-Cola Stage)

El temor existía, pero el tiempo se encargó de removerlo. Es que llegaría uno de los puntos altísimos de la noche y nadie quería que fuera opacado por la luz natural.

Eran las 20.15, la noche se instalaba y se asomaban los primeros indicios de que Nine Inch Nails se robaría las miradas y oídos de todo el Parque O’Higgins. Un espectáculo preparado con lujo de detalles, un show que venía recorriendo el mundo y que hasta el momento no había dejado indiferente a cualquiera y ayer no fue la excepción.

El recorrido a su vasta trayectoria hizo que cada uno de los presentes, esos que esperaron todo el día únicamente por ellos y los que disfrutaron toda la tarde; agitara sus cabezas y cuerpos al sonido de los liderados por Trent Reznor. Una completa revisión desde discos como "The downward spiral" (1994) hasta "Hesitations Marks" (2013), sú última entrega. De su entrega más fresca intepretaron a la perfección canciones como 'Copy of a' y 'Came back haunted', las más conocidas de dicho disco.

Lo de la puesta en escena es un punto aparte. Como una metralleta de luces que encandilaban a cualquiera, era el complemento perfecto para cualquier droga –lícita o no, voluntaria o involuntaria– para cada uno de los asistentes.

Fue la hora y media más alucinante de todo el día y que, a riesgo de comprometer sentimientos personales, fue la nota más alta de todo el día sábado. Por Jorge Rubio Soto

Red Hot Chili Peppers (sáb. 21:45, Claro Stage)

Hay algunas bandas que logran una comunión especial con el público chileno y Red Hot Chili Peppers, sin duda, es una de ellas. Cada concierto del cuarteto californiano en el país es un suceso que es esperado con nervios y expectativas por la amplia fanaticada que acá han cultivado en sus tres décadas de carrera, y lo del sábado no fue la excepción.

Quizás por eso un buen número de personas estuvieron todo el día en el Claro Stage para quedar en un buen lugar entre el mar de gente que vio el show de cierre de la primera jornada de Lollapalooza. Y tal vez esa especial relación fue también la razón tras la elección del setlist de la presentación, algo extraño y recibido tibiamente por la mayor parte de la audiencia, en un gesto que dio cuenta de la sensación que marcó la noche: la de una banda que más allá de sus pergaminos no logró cumplir con lo esperado.

La estimulante 'Can't Stop' fue la canción encargada de dar inicio al show, dando pie para desatar la energía que siempre muestran los Peppers en vivo. Eso sí, desde un comienzo se notó algo más apagado de lo normal al vocalista Anthony Kiedis, quien además de mostrar poca conexión con lo que pasaba sobre el escenario, tuvo varias fallas con su voz. Otra falla que no pasó desapercibida fue en el sonido, que no permitió que se escucharan de buena manera temas como 'Dani California', 'Otherside', 'Factory Of Faith' y 'Snow (Hey Oh)'.

Como era de esperar, también hubo momentos memorables, como cuando sonaron 'I Like Dirt' y 'Wet Sand', cortes de "Californication" y "Stadium Arcadium" -respectivamente- que no siempre están presentes en los "en vivos" del grupo. Pero esas canciones sólo fueron un oasis en un show que escaseó de los momentos álgidos que bien hubieran podido ser otorgados por algunas muestras de discos menos recientes como "Mother's Milk" o "Blood Sugar Sex Magic" (más allá de las imprescindibles 'Under the ridge' y 'Give it Away').

Puede que la exigencia sea muy alta, pero de bandas como Red Hot Chili Peppers no sólo se espera una presentación buena. Ellos son parte importante de la historia y, como tal, sus shows siempre deberían ser uno de esos que marcan para toda la vida. Y aunque no estuvo tan mal, el del sábado bien podría ser sólo un concierto más. Por Ignacio Silva

Arcade Fire (dom. 20:00, Coca-Cola Stage)

No hay fórmula que resista la prueba de fuego de toda banda, y esa es la salida a la intemperie: el show en vivo. Lejos de toda la ayuda que te pueda prestar el estudio y el maquillaje que muchas veces recubre ideas flácidas levantadas solamente bajo kilos y kilos de estuco sonoro, Arcade Fire esquiva la tendencia y reafirma que tras toda esa sensibilidad barroca -que veníamos anhelando por años-, estaba lo que siempre esperamos: La emocionalidad precisa y una ejecución que le hiciese el peso.

Y es que es difícil hablar de un show de esta estatura sin caer en el clichés o en el sentimentalismo oportunista, pues lo hecho por los de Montreal será difícilmente equiparable dentro del mediano plazo en materia de conciertos por estas tierras.

Ver a la banda más icónica de esta generación en su mejor momento es la razón por la cual en los años venideros estaremos agradecidos y, como consecuencia, no tendremos que tragarnos esperas de décadas por visitas tardías y en plena decadencia. Acá no hay pálidas sombras de años mejores y sobrevivir por el mito no es opción (hecho que sucedió, sin ir más lejos, en este mismo festival) .

Y es que no hay como vivir el momento. ‘Reflektor’, ‘Rebellion’, ‘Power Out’, ‘Sprawll II’ o ‘Afterlife’ coreadas hasta el hartazgo. ‘Here Comes The Night Time’ con su lluvia de papeles de colores, vertiginosa. Régine y Win Butler cantándose ‘It’s Never Over’ en una escena de rebosante magnetismo, o el momento lúdico de la noche con “Los Reflektors” apropiándose del escenario e interpretando ‘There Is A Light Thats Never Goes Out’ en su versión en español por Mikel Erentxun.

Son varias las escenas en las que centrarse sin dejar de lado otras, pues tampoco es que puedan quedar en el tintero ‘The Suburbs’ con su eterna elegancia, o el ímpetu de ‘Ready To Start’. Sin embargo, si de resaltar algo entre la riquísima presentación, ya no por necesidad sino por mera descripción, debiésemos fijarnos en ‘Wake Up’; el final idóneo. Majestuoso y masivo, sin perder una pizca de emoción. Si en los 90’s Bittersweet Symphony fue el himno por antonomasia, acá tenemos el nuestro y lo pudimos escuchar en plenitud en el mejor show del certamen. Por Francisco Silva

Soundgarden (dom. 21:30, Claro Stage)


El espectáculo de Arcade Fire no dio lugar a nada. Ni a respirar, ni a descansar, ni a considerar nada más allá de la grandiosa puesta en escena. Un maravilloso momento que hubiera sido el final perfecto, pero faltaba algo más.

Quizás no necesitaban la enorme parafernalia que al otro lado del parque se desplegó. El listado de éxitos y potentes sencillos armó uno de las presentaciones más efectivas, potentes y sencillas: Soundgarden cerró Lollapalooza con la muestra de fidelidad de audiencia más grande en todo el festival.

Sonaban los primeros acordes de ‘Searching with my good eye closed’ y el receso que los tuvo fuera por largos años no daba señal de desgaste. Un repaso a clásicos como ‘Spoonman’, ‘Black hole sun’ y ‘Let me drown’, hizo muy sutil la introducción –casi a la fuerza – de canciones de su última producción de estudio, “King Animal” (2012).

Pudo ser que la presentación de los de Canadá fue muy cálida, pero la de los liderados por Cornell se mostraba fría y aburrida. Quizás daba a pensar que estaban ejecutando un trámite molesto. Aun así, no se transmitió al público o le dio lo mismo. La gente disfrutó igual y -al parecer- la espera valió la pena. Por Jorge Rubio Soto


Fotos cortesía Lotus Producciones
excepto las indicadas, por Isidora Angulo