jueves, 6 de diciembre de 2012

Dead Can Dance: Indescriptible e inexplicable

Dead Can Dance en Chile
Martes 4 de diciembre, Espacio Riesco

Resulta difícil, casi imperdonable, resumir en palabras todo lo sucedido anoche en Espacio Riesco. Una de las bandas ícono de los años 80 y 90, dueños de un talento y una genialidad única, cumplía el sueño de las más de 6.000 almas que se congregaban para disfrutar y viajar... viajar muy lejos.

Con una puntualidad intachable, precedidos por David Kuckhermann que calentaba los ánimos con gran desplante en las percusiones, comenzaba lo que esperaron todos por décadas. Las luces se apagaban para dar paso a las que se robarían la noche. Los primeros acordes de "Children of the Sun", canción que también es apertura de su última producción discográfica, "Anastasis", era el pasaje a reencontrarse con el subconsciente.

Una masiva ovación recibía a Lisa Gerrard y Brendan Perry que, acompañados por una excelente banda de apoyo, hacían ingreso al escenario. Apenas pasaba el tiempo y todo era mágico. Una puesta en escena que apelaba a la simpleza, pero que hacía que la velada fuera tan perfecta, que llegaba a ser un momento inhumano. Los juegos de luces, los colores y movimientos, eran el complemento adecuado que permitía el deleite sonoro y visual.

El primer momento de éxtasis llegó de la mano de la tercera canción en setlist. El público no se aguantó las ganas de vociferar su emoción al escuchar "Rakim", clásico extraído de su único disco en vivo, "Towards the Within" (1994). La calidad vocal de Gerrard y Perry dejaba sin aliento a cualquiera. El sonido era perfecto, no por la acústica generada por el recinto, sino por el profesionalismo técnico fuera y dentro del escenario.

El recorrido por "Anastasis" se hacía de forma magistral. Ni un solo error. La interpretación de "Kiko", "Agape" y "Amnesia", se hacía tal y como se puede escuchar en la grabación de estudio. Los sonidos de medio oriente se hacían presentes, permitiendo tele-transportaciones de cualquier tipo, a todo el mundo y más allá. Todo era muy preciso, disciplinado, correcto. No había detalle que se les escapara de las manos.

Dentro de los tantos momentos emotivos, "Sanvean" capturó los oídos de todos. Era inevitable perder la atención, donde Lisa, sólo acompañada por un sintetizador, ponía en escena su impresionante capacidad vocal. Las ovaciones del público se hacían presentes sólo después de finalizada una canción. Cada persona estaba dispuesta a contener sus emociones para seguir disfrutando más, en el más solemne silencio.

Cuando continuaban con "Nierika" y "Opium", otro de los momentos altos llegó junto a "The Host of Seraphim". Además del silencio ya mencionado, este se agudizaba cada vez más. Era como si las almas de los presentes ya no estuvieran allí, sino que recorriendo los lugares más escondidos de sus mentes. Era un trance masivo.

"Ime Prezakias", "Now we Are Free" y "All in good Time", cerraban la primera parte del concierto, de la que todos despedían Gerrard, Perry y compañía, con gran furor. Imperdonable era quedarse sentado. Todos aplaudían de pie, pidiendo por más hasta que el deseo popular fue cumplido. Y no fue sólo una vez, fueron tres veces.

El primer bis, en el que Brendan Perry se disponía a presentar a la banda completa, interpretaron "The Ubiquitous Mr. Lovegrove" y "Dreams Made Flesh". El segundo y más aplaudido regreso fue con "Song of the Siren" y "Return of the She-King". Esta última, un falso cierre perfecto, épico. Uno de los puntos más altos de "Anastasis".

Pero el show no terminaba ahí. Cuando todos se disponían para regresar a la tierra, Lisa y Jules regresaban al escenario para una canción más. "Rising of the Moon" y un silencioso "I love you" de Lisa, ponía el cierre final a una noche mágica y que, sin duda, será imborrable de las memorias de cada uno de los asistentes. Bajo los estridentes aplausos, los australianos dejaban el escenario y se despedían de Chile hasta una próxima visita.

Un concierto que, además de tener la importancia de ser la primera vez en Chile, fue prueba de que como músicos, muy poco tienen de mortales. Una calidad sorprendente, indescriptible, hizo que cada inconveniente pasara desapercibido. Las oraciones se quedan chicas, las palabras también. Es imperdonable resumir en pocas palabras lo que fue la histórica visita de Dead Can Dance. Pero más imperdonable aún es haberse perdido este suceso único en su especie.

Setlist:

Children of the Sun
Anabasis
Rakim
Kiko
Agape
Amnesia
Sanvean
Nierika
Opium
The Host of Seraphim
Ime Prezakias
Now we Are Free
All in good Time

Encore 1:

The Ubiquitous Mr. Lovegrove
Dreams Made Flesh

Encore 2:

Song of the Siren
Return of the She-King

Encore 3:

Rising of the moon

A continuación, revisa la galería de imágenes del concierto de Dead Can Dance en Espacio Riesco: 


Texto por Jorge Rubio Soto
Fotos por Bianca Godoy Paez