martes, 12 de junio de 2012

La Vitrola: Hugh Laurie – Let Them Talk (2011)

Está cada día más frío y el Blues como sentimiento parece aflorar en todo su esplendor en este clima, como un reflejo de su más encomiable y apropiado adjetivo: La música del alma.

Es esta última definición la que le achacaba un kilo de prejuicios al disco lanzado por el actor Hugh Laurie el pasado 2011, pues el hombre también es músico y con este “Let Them Talk” se encarga de defender con uñas, dientes y mucho blues esta faceta. Y con el correr del tracklist se va evidenciando con firmeza que más que un capricho, este es un gran- grandísimo-disco.

Al partir ‘St James Infirmary Blue’ esa pieza que se ha visto tantas veces reproducida por diferentes interpretes desde L. Amstrong a Eric Clapton o el Dr. John (que en este lanzamiento también colabora) y que las generaciones mas recientes pudieron escuchar de mano de la endemoniada versión de los White Stripes. Aquí este músico inglés le da un enfoque totalmente nuevo con su piano, en un comienzo tremendamente convincente y que no duda de forma alguna en poner toda la carne a la parrilla desde el inicio a modo de decirnos “realmente voy en serio”.

¿Y qué tan en serio va? Pues, con todo. Al nivel de recibir colaboraciones de Tom Jones y el ya mencionado Dr. John. Y con tal respaldo es indispensable que el hombre demuestre lo suyo. Con éxito en temas donde su voz parece haber sido moldeada por las riveras del Mississippi y otros donde el intento por alcanzar esa tonalidad se ve apoyada por un saxofón (‘Six Cold Feet’), o donde cuerdas y orquestaciones le da un terminado crudísimo (‘Battle Of Jericho’).

Y el asunto no se remite sólo a esos aciertos. ‘Swanee River’ roza el rock and roll a puro piano. ‘Police Dog Blues’ y ‘Winin’ Boy Blues’ son ejemplos claros de lo que se cuece acá y, si de calor se trata, ‘They’re Red Hot’, del icono R. Johnson, llega a elevar el termómetro con una versión a toda prueba. Tom Jones se luce en ‘Baby, Please Make A Change’, tanto como su vozarrón le permite y el corolario lo pone la canción homónima en un sitial bien ganado.

En definitiva este es un debut tremendo, donde se deja filtrar el respeto que siente Laurie por la música que interpreta: no hay cabida alguna a otra cosa que no sea ésta. Hugh Laurie deja en el ropero al personaje y se cubre de sus mejores prendas de bluesman para ofrecer un sorprendente y coherente disco. Quizás no nació en las tierras donde se fraguo el estilo al que le rinde homenaje, pero de que el tipo la siente, no cabe duda.

Por Francisco Silva