sábado, 16 de junio de 2012

La Vitrola Clásicos: Spiritualized – Ladies and Gentlemen We Are Floating In Space (1997)

Un 16 de junio de 1997 Radiohead le volaba la cabeza a la crítica y a la audiencia con un inesperado "OK Computer" que remecía las bases de la estructura musical noventera. Ese mismo día otra banda británica editaba un disco cuya portada se presentaba como una medicina, con un farmacéutico con el corazón roto que recetaba la cura a su dolor en dosis de 12 canciones. En un año de grandes producciones, la NME lo eligió como el mejor álbum de 1997. Dolor, luz y mucha inspiración, estos son los otros 15 años, los de "Ladies and Gentlemen: We Are Floating in Space".

Discos que duelen. Esa podría ser la categoría en la que encasillaría este álbum. Y la verdad, con la cantidad de estilos que se incluyen en él –desde el góspel al free jazz, pasando por el noise y el blues psicodélico, además del acompañamiento del cuarteto de cuerdas de Alexander Balanescu- no se me ocurren etiquetas, o en realidad, no vale la pena buscarlas, en un trabajo que se debe entender mucho más desde la emoción que desde la lógica.

Y si lo que se busca es comprender el trasfondo de su gestación, hay que contar el cahuín que lo deben saber la mayoría de quienes consideran este como un disco de cabecera de los '90: el fin de la relación entre Jason Pierce (también conocido como J. Spaceman) y Kate Radley, ex tecladista de la banda, quien mantenía un romance en secreto con Richard Ashcroft de The Verve, otro que sacó un gran disco ese año.

Atormentado por la cruda realidad que se hizo evidente tras el matrimonio entre su ex novia y tecladista con el vocalista y compositor de otra banda, a J. Spaceman no le quedó otra que exorcizarse con un álbum hecho desde el suelo, sin afanes de grandeza sino más bien envuelto de una palpable vulnerabilidad que se hace patente en las letras que configuran la estructura medular del disco.

Con el patrón de la psicodelia de las sensaciones, y la ambigüedad en las letras de los aclamados Spaceman 3 y los primeros discos de Spiritualized, la inclusión de este nuevo concepto emocional le hizo también reformular lo que sería el sonido de un álbum cuyo eje sería la sanación espiritual desde distintos puntos de inflexión: la tristeza, la confusión, la euforia y finalmente, el alivio.

La fórmula dio resultado y la primera pastilla –bautizada con el título del disco- da la bienvenida a esta curación de música espacial, un lamento que mezcla el ‘I Can’t Help Falling in Love With You’ de Elvis con el Canon de Johann Pachelbel. Un comienzo que dice mucho.

Aún así, piezas como ‘Come Together’, ‘All Of My Thoughts’ o ‘Electricity’ nos recuerdan que estamos escuchando a una banda de Rock and Roll, a pesar de los distintos elementos que se le incorporan a estas canciones.

La primera vez que escuché este disco recuerdo haber avanzado maravillado por lo que oía, hasta llegar a ‘Broken Heart’. En el instante en que finalizó el último acorde me di cuenta que había arribado a la síntesis del playlist, el resumen de lo que quería transmitir el disco. Pocas veces una balada con una letra tan simple y directa –partiendo por su título- me había resultado tan conmovedora. Las cuerdas generan un background que parece adueñarse de la letra de un Jason Pierce que simplemente asume que "tendrá que cubrir todo con una sonrisa y mantenerse en movimiento por un tiempo".

En definitiva, el trabajo que se transformó en el emblemático de esta banda, y en la salvación de su vocalista. La mejor prueba de esto son las revisiones de su aclamado "Sweet Heart Sweet Light" (2012). La mayoría dice algo como 'gran disco, casi al nivel de los Spiritualized de "Ladies and Gentlemen, We Are Floating in Space"'.

Por Joaquín Riffo