miércoles, 9 de mayo de 2012

Odio París – Odio París (2011)

El debut homónimo de esta banda de Barcelona presenta un entramado de melodías pop y noise rock, que se sostienen con letras tan directas como ácidas. Todo en 10 canciones cuya energía podría servir de música de fondo –si nos apegamos a lo textual del nombre de la banda- para prenderle fuego a la Torre Eiffel.


Revisando la crítica musical española, podemos constatar que ha sido uno de los discos más comentados, reseñados y halagados del 2011. Y la verdad es que el debut de los barceloneses Odio París -quienes cuentan entre sus filas al chileno y ex Santos Dumont, Marcel Molina- merece tal notoriedad.

El álbum abre con 'Cuando nadie pone un disco', cuya excelente letra está adaptada del poema “Tengo 32 años” del escritor madrileño Pedro Casariego, y que en cierto modo sirve como una declaración de principios de la línea que seguirá el trabajo de ahí en adelante: una melodía pop repleta de noise y letras susurradas que hablan en un lenguaje directo pero efectivo. De una banda cuya influencia hace eco al noise pop y al shoegazing, llámese Slowdive, Ride, My Bloody Valentine o The Jesus and Mary Chain por nombrar algunas referencias, resulta interesante como en ciertos momentos logran desmarcarse de estas sin perder la asociación, pero dándoles una nueva vuelta de tuerca.

'Ahora sabes' y 'Uno de noviembre', segundo y tercer track respectivamente, energizan sutiles arreglos entre una maraña de ruido guitarrero. ‘Infierno’ y ‘Ya no existes’ siguen subiendo el volumen y también la directriz de las letras que cada vez se va tornando menos ambigua y más ácida.

La calma llega con ‘San Antonio’, una de mis favoritas del disco, y una de las mejor logradas en términos de producción. Revisando en YouTube pude constatar que entre los arreglos de la canción figura un theremin, que sirve como una prueba más de lo efectivo que resulta complejizar canciones sin perder la esencia pop. La sincronía entre la letra, la línea de bajo y las voces femeninas del coro, logra generar uno de los momentos más emotivos de la placa.

‘Don de Traci’ podría ser la más pegadiza del listado, con una melodía popera que debe funcionar muy bien en directo. ‘Volver’ aparece como un lamento adolescente que, si de encasillar en géneros se trata, podría ser lo más esperable del tracklist.

Enséñame’ y ‘Nana blanca’, juegan con la tranquilidad final, como para apaciguar al escucha que tuvo que aguantar noise durante las 8 canciones anteriores. Aún así, sus melodías calmosas actúan bien como una muestra de otra faceta de un trabajo cuyo mayor valor es apuntar a dos máximas en la realización y en la escucha de música: en primer lugar, a atreverse a mostrar las influencias. Durante todo este disco se podría hacer un listado de comparaciones odiosas en cada canción, pero la banda al parecer prefirió dejar que se vieran las costuras y concentrarse en añadir frescura a sus arreglos, sin fijarse en si sonaba demasiado parecido a algo.

Y finalmente, que el disco es bueno, apartado de su género. No sólo funciona bien ‘dentro del  revival shoegazing’, sino que se vale por sí mismo y se constituye como un trabajo sólido y de gran factura, una esperanza para el rock independiente en español.



Por Joaquín Riffo